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Salud mental y adicciones | Introducción

Hacia el año 2000, unos 450 millones de personas en el mundo padecían trastornos mentales o desórdenes de conducta, y sólo una pequeña proporción de ellas recibían algún tipo de tratamiento. Se estimaba que este tipo de trastornos representaban, siempre a nivel mundial, un 12% de la carga total de enfermedad, y que las perspectivas eran de empeoramiento, habida cuenta de una serie de procesos en marcha en las sociedades contemporáneas, incluyendo el envejecimiento de la población, la creciente gravedad de los problemas sociales y la proliferación de conflictos de distinto tipo. Proyecciones efectuadas al año 2020 daban cuenta, por otra parte, de una tendencia al incremento de la incidencia de los problemas de salud mental en el total de DALYs (Años de Vida Ajustados por Discapacidad), del 12% del año 2000 a un 15%. (1)

El registro de estos hechos y sus consecuencias, en términos de sufrimiento humano, discapacidad y pérdidas económicas, dio lugar a que la Organización Mundial de la Salud destinara su World Health Report del año 2001 a la salud mental. La misma OMS, desde sus orígenes, había reconocido la importancia trascendente de esta última, abarcándola en su conocida definición de salud, no como la mera ausencia de enfermedad sino como “un completo estado de bienestar físico, mental y social”.

En correspondencia con lo que esta definición propone, hoy se sabe que las enfermedades mentales y los trastornos de conducta están influidos por una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Los avances de la neurociencia –rama de la ciencia que trata de la anatomía, fisiología, bioquímica y biología molecular del sistema nervioso, en particular, en su relación con la conducta y el aprendizaje- y de la medicina del comportamiento -área muy amplia que integra interdisciplinariamente la biomedicina con la psicología y las ciencias sociales-, abren perspectivas alentadoras para su tratamiento y prevención.

La gama temática de la salud mental es muy amplia e incluye una diversidad de trastornos mentales y de conducta reflejada en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades (ICD-10), elaborada por la OMS. El Capítulo V de la ICD-10 está dedicado exclusivamente a este tipo de trastornos e incluye descripciones clínicas y criterios de diagnóstico respecto a éstos, clasificándolos en una serie de categorías amplias.

La ICD-10 y los trastornos mentales y de conducta

  • Trastornos mentales orgánicos, incluidos desórdenes sintomáticos, p.ej. demencia en el mal de Alzheimer, delirio.
  • Trastornos mentales y de comportamiento debidos al uso de sustancias psicoactivas, p.ej. uso dañino del alcohol, síndrome de dependencia opiácea.
  • Esquizofrenia, esquizofrenia paranoide, trastornos alucinatorios, trastornos psicóticos agudos y transitorios.
  • Trastornos anímicos, p.ej. trastorno afectivo bipolar, episodios depresivos.
  • Trastornos neuróticos, relacionados con el estrés y somatoformes, p.ej. trastornos de ansiedad generalizada, trastornos obsesivo compulsivos.
  • Síndromes de comportamiento asociados con perturbaciones fisiológicas y factores físicos, p.ej. trastornos de alimentación, desórdenes no orgánicos del sueño.
  • Trastornos de la personalidad y comportamiento adultos, p.ej trastorno de personalidad paranoide, transexualismo.
  • Retraso mental, agudo y leve.
  • Trastornos del desarrollo psicológico, p.ej. trastornos específicos de lectura, autismo infantil.
  • Trastornos de conducta y emocionales en las etapas iniciales, frecuentes en la niñez y en la adolescencia, p.ej. trastornos hiperkinéticos, desórdenes de conducta, tics.
  • Trastornos mentales no especificados.

Fuente: OMS: Internacional Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems (ICD-10), Tenth revision, Geneva , 1993.

En este amplio repertorio de trastornos están incluidas las adicciones, entre las que destacan el tabaquismo, el alcoholismo, la drogadependencia y las alteraciones en la alimentación (bulimia, anorexia), con graves consecuencias en la salud física y/o psicológica y social de quienes las padecen. La gravitación de algunos de estos desórdenes de comportamiento está en directa relación con su amplia difusión en la población o su prevalencia en grupos de edades jóvenes (alcoholismo y abuso de alcohol, drogadependencia, trastornos en la alimentación). Los datos que se transcriben seguidamente sobre consumo de alcohol en la provincia de Buenos Aires muestran la magnitud que han alcanzado este tipo de trastornos.

Algunos datos sobre alcoholismo en la provincia de Buenos Aires

  • Casi el 70% de los adolescentes entre 15 y 17 años, ingieren bebidas alcohólicas en forma regular. Constituyen el grupo de edad con mayor consumo relativo de alcohol.
  • El 28,1% de ellos presenta episódicamente cuadros de abuso de esta sustancia. En el conurbano bonaerense, el grupo de edades con mayor prevalencia de abuso de alcohol es el de los jóvenes de 18 a 25 años.
  • El alcohol está relacionado con el 70% de las detenciones por causas sociales, el 60% de los casos de violencia familiar y el 40% de los accidentes de tránsito con víctimas fatales.
  • En 1980 en la Argentina se consumían 8 litros de cerveza por habitante, y en el año 2000 esta cifra había aumentado a 40 litros. Fueron los menores los que dieron lugar a que se produjera este cambio, que se concretó a comienzos de los 1990.
  • Actualmente, los comercios que tienen prohibida la venta de este tipo de bebidas con los kioskos, polirrubros y estaciones de servicio. No obstante ello, el 30% de los menores bonaerenses que consumen alcohol lo adquieren en los kioskos. Se calcula que el abuso de alcohol se registra en el 40% de los varones y el 10% de las mujeres.

Fuente: Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires, en base a datos de la Primera Encuesta Provincial en Hogares sobre Uso de Sustancias Adictivas 2002.

Como ocurre en otros campos de la salud, los organismos internacionales y nacionales responsables subrayan como una de las prioridades de acción en materia de enfermedades mentales y adicciones la vigilancia y monitoreo tanto de los eventos sujetos a vigilancia como de las actividades vinculadas. Sobre los contenidos a ser cubiertos, vale como ilustración una reciente propuesta efectuada para Canadá por la autoridad sanitaria nacional de dicho país (2), en la que se destacan como datos prioritarios de un sistema abarcador de vigilancia de salud mental los siguientes:

  • Incidencia y prevalencia de cada enfermedad mental por edad, sexo y otras variables claves (status socioeconómico, educación, etc.).
  • Morbilidad combinada de la enfermedad con otras enfermedades y/o trastornos.
  • Exposición a riesgos conocidos o sospechados y factores de protección.
  • Impacto de la enfermedad mental en la calidad de vida del individuo y su familia.
  • Acceso y uso de servicios de salud primarios y especializados, en instituciones públicas y privadas.
  • Impacto de los trastornos mentales en los lugares de trabajo y en la economía.
  • Estigma asociado con las enfermedades mentales.
  • Impacto de los trastornos mentales en el sistema legal y penal.
  • Acceso y uso de servicios de salud en otros sistemas, tales como escuelas, programas y establecimientos de la justicia penal y programas de atención al personal de las empresas.
  • Resultados de tratamientos.

En este eje de vigilancia se busca incorporar progresivamente datos e información sobre salud mental y adicciones en la Región, investigaciones efectuadas sobre estas materias y profesionales, centros de atención pública y privada y organizaciones de la sociedad civil actuantes.


Referencias bibiográficas

(1) OMS: The World Health Report 2001- Mental Health: New Understanding, New Hope .

(2) Public Health Agency of Canada (PHAC): A Report on Mental Illness in Canada , elaborado en colaboración con la Canadian Alliance on Mental Illness and Mental Health (CAMIMMH), Ottawa , 2002, disponible en http://phac-asp.gc.ca/publicat/miic-mmac/pref_e.html

 

Fecha de publicación: 14.04.2005