Vigilancia de eventos de notificación obligatoria
  Vigilancia intensificada de enfermedades
  Vigilancia de enfermedades no transmisibles y factores de riesgo cardiovasculares
  Vigilancia de enfermedades oncológicas
  Vigilancia de salud mental y de adicciones
  Vigilancia sobre lesiones
  Vigilancia de la salud reproductiva
  Vigilancia de la salud de niños y adolescentes
  Vigilancia de eventos relacionados con la calidad y seguridad de la atención
  Vigilancia ambiental
Misión   |   Equipo técnico   |   Herramientas   |   Calendario temático   |   Estadísticas   |   Enlaces       Página principal  |  Mapa del sitio   |  Envío de consultas

Historia y letras
El cólera en Bahía Blanca, 1886: Relato de un testigo presencial

“Una sequía pertinaz nos estaba molestando, pero estas eran tan frecuentes en esta región que no se tomaba como castigo. En el mismo año asoló Italia y España un cólera terrible. Establecieron las autoridades todo género de vigilancia, poniendo cordón sanitario. “El hombre propone y Dios dispone”. Aquí repito lo que oí contar.

En Alicante, se embarcó un italiano en una nave para la Argentina. Llegó bien y se fue a La Plata. A los pocos días de haber llegado allí, lo atacó el cólera y murió. Después de este suceso, viene un viajero desde La Plata, y se aloja en la fonda sita en la calle Buenos Aires [ actual Hipólito Yrigoyen ], entre Zelarrayán y Mitre. Durante su estadía, se enferma, llaman al médico, se descubre el cólera y muere. (...) Ponen un vigilante de guardia, para que nadie entrara ni saliera de la fonda. Es de suponer que el cadáver lo enterrarían en el cementerio.

El vigilante se enferma del cólera y muere. Otro que vigila, pronto y bien. Se repite el mismo caso con el segundo vigilante y muere del cólera, y este vence todas las fuerzas humanas. Si mal no recuerdo, el primer caso del cólera apareció el 11 de noviembre de 1886.

Empezó a sonar: ¡hoy, muerto fulano!, luego otro, y otro; se alarmó la población, pero sin remedio humano. Todos queríamos conocer los remedios contra el cólera. Es que la voz profética sonó a su tiempo, y no pusimos remedio. Ya era tarde, morían y morían. (...) Nuestra campaña estaba despoblada. Huye la gente al campo en vano. La autoridad establece un Lazareto. No faltaba quien lo llamara con otros epítetos.(...) De los asistidos en el Lazareto conocí a dos que allí estuvieron en calidad de enfermos, y salieron. Una joven, a quien vi después de muchos años, y un borracho, a quien hallaron en adoración al dios Baco. No tuve noticia de que ningún otro de los que llevaron al Lazareto saliera sano.(...)

En febrero calmó el cólera. Nunca he sabido con precisión los que cayeron con el flagelo. Calculamos, más o menos, unas trescientas personas.”

José Joaquín Esandi “ Narraciones y recuerdos de mi juventud

 

Fecha de publicación: 18.07.2005